miércoles, 31 de octubre de 2012

Este es el teatro más embrujado de Chile






El director de la orquesta camina por el pasillo hasta que se topa con una inmensa sombra. El hombre queda tieso; luego intenta seguir, pero trastabilla. En ese momento siente una mano que le toca el antebrazo. "Tuve un contacto físico con un ente sobrenatural. Yo quedé bastante shockeado", recuerda el director del Coro del Teatro Municipal de Iquique, Gonzalo Calle.
El recinto, que cuenta con más de un siglo de historia, se puede considerar como una de las zonas más calientes de Chile en sucesos para normales. Las apariciones son frecuentes.
Gonzalo Calle llegó a trabajar al histórico lugar en 1989, luego de varios años de estudiar música en Inglaterra. "Lo primero que me dijeron los trabajadores de la época fue: profesor, no se asuste, acá los fantasmas se pasean como Pedro por su casa", dice.
Con esos extraños antecedentes, Calle inició sus labores y, en una de las primeras jornadas, encontró a una muchacha llorando en las escalinatas de ingreso. Era hija de un funcionario y al parecer tenía algunos problemas emocionales. Calle relata que le preguntó por qué lloraba y la adolescente respondió que había visto nuevamente a los fantasmas. "Entonces yo ya comprendí que claramente había cosas raras", señala.
Pero no fue hasta 1992 que este músico se enfrentó a lo que se llama un encuentro del tercer tipo con un fantasma. Era la noche de gala musical para despedir a la alcaldesa de ese periodo y, al salir de un palco, se encaminó hacia la zona de camarines, para dar las últimas instrucciones a los músicos.
Recopilando antecedentes, Calle supo que se encontró con uno de los dos famosos monjes que hasta hace no mucho vagaban por todo el teatro. Los trabajadores le explicaron que ellos siempre se encontraban con esos dos religiosos y que eran bastante aterradores.
"Conversé con actores, artistas, gente de teatro, y todos habían vistos a los monjes con sotana, uno muy alto y otro más bajo. Se refractaban en los espejos atrás de uno y aparecían en esquinas. Vi gente salir despavorida del teatro por esas imágenes", cuenta.


LA TUMBA DE LOS MONJES
Impulsado por un espíritu curioso, Gonzalo Calle investigó. Supo que donde estaba el Teatro Municipal (construido en 1889 e inaugurado en 1890), se había erigido una iglesia peruana, puesto que Iquique perteneció a ese país antes de la Guerra del Pacífico, en 1879. Justo bajo el escenario, en el lado derecho, se ubicaba el monasterio de la iglesia. Allí fueron enterrados dos monjes antes de que el lugar fuera destruido para construir el teatro. "Parece que esos dos son los que se aparecen", explica Calle.
Pero la experiencia más espectacular la experimentó Calle ese mismo año, en
una gala con las Fuerzas Armadas. Mientras dirigía una pieza musical, una de las partituras se deslizó hasta el final del atril, quedó suspendida unos minutos -para estupefacción de
todos, incluyendo los militares- y luego empezó a volar por el escenario.
"Tengo un video de eso, vino hasta la televisión, que después mandó el archivo a Europa, como una evidencia de actividad paranor-maT, explica el director del coro, que agrega que desde 2006 -año en que en el teatro dejó de ofrecer espectáculos debido a una refacción que aún prosigue-, los "paseos" de los monjes acabaron.
"Estos teatros guardan mucha energía y cuando cesa el arte, también se reduce la energía", aventura Gonzalo Calle, quien vio una vez cómo una silla se movía en un palco durante un ensayo, para salir disparada y chocar con la pared del mismo.


EL PAYASO
Hernán Barraza, "El Nano", trabaja hace veinte años en el teatro como tramoya y además de haber visto en innumerables ocasiones a los monjes y escuchar todos los ruidos posibles, asegura que la experiencia más tétrica es la de la cara de payaso.

"En los primeros años de trabajo estaba habituado a escuchar ruidos de pasos, de butacas cayéndose, qué sé yo, eso es lo mínimo que uno escucha acá. Cuando vi a los monjes con un auxiliar nuevo salimos corriendo, pero lo más fuerte es la cara de payaso. Un día, mientras trasladaba material de una zona a otra, me percato que algo hay tras un ojo de buey de una puerta que da a la sala del público. Me devuelvo y está una cara de un payaso riéndose. Me asusté como nunca y atiné a devolverme adonde estaban los otros tramoya. El más antiguo me dijo que a él también se le apareció", recuerda.
Luego agrega que "a los monjes no los veo hace rato, y al payaso igual, pero yo le tengo más miedos a los vivos. La gente cuando cuento estas cosas no cree, por eso digo que sería bonito que las vieran".


EL CAMINANTE SOLITARIO
Luis Bayley es uno de los guardias antiguos del teatro. Reacio a contar historias, no es fácil convencerlo para que narre sus experiencias.
Sin embargo, lo primero que señala es que hasta hace poco -probablemente un mes- todos los días los guardias que se quedaban a la entrada del teatro escuchaban sonar el piano del segundo piso. Describe que era un sonido grave y melancólico, y que alguna vez intentaron grabarlo junto a otro funcionario, sin suerte. Sólo una vez subieron a ver quién tocaba, pero refiere que la sensación del entorno era muy desagradable y no fueron más, asumiendo que era uno de los tantos espíritus que habitan el teatro. La hora siempre era entre la una y las dos de la mañana.
Pero hay dos relatos que se llevan el oro. "Esto pasó hace unos años. Fui a comprar pan al kiosco de la esquina de enfrente del teatro, como a las doce de la noche. Cuando me devolvía vi que una persona con unos papeles bajo el brazo caminaba desde la torre del reloj (ubicada frente al recinto) hasta el teatro y entraba. Era tarde y me apuré para ver quién era. Llegué y le pregunté al turno Sergio Córdoba qué persona entró y me dijo que nadie. Le repliqué que yo lo había visto caminar y entrar, pero respondió lo mismo. Me asusté, pero en el teatro pasan cosas y hay que asumirlo", cuenta el guardia.
El otro involucra a la mujer de Bayley: "Un domingo mi señora me vino a buscar al teatro. Otro guardia le explicó que yo estaba en un camarín del segundo piso, guardando algunas cosas. Cuando llegó adonde yo estaba, me dijo que se había encontrado con una pareja de turistas gringos muy simpáticos, y que incluso conversó con ellos en castellano. Le señalé que era imposible, porque ese día no entraban turistas. El guardia de abajo también confirmó que no entró ninguna pareja de visitantes".

NIÑOS PAMPINOS
Mario Cruz es el encargado general del Teatro Municipal de Iquique. Hombre de arte, dirige la compañía de danzas folclóricas Kirqui Wayra. Se apura en señalar que él no ha tenido encuentros o experiencias, sino que ha estado cuando a otros les pasan.
Narra que una vez, hace ya uno o dos años, compartía un café con un funcionario en una especie de cocina, cuando empezaron a hablar sobre apariciones y fantasmas. "De repente la otra persona me dice que no cree en ninguna de esas cosas y la tapa del azucarero saltó a la pared" dice Mario, y agrega: MIgual fue bastante raro".
En otra oportunidad, a Mario se le acercó un productor teatral del extranjero y le preguntó si acaso había una fiesta de disfraces o algo parecido. Mario respondió que no, momento en el cual el productor teatral "se puso blanco y empezó a tiritan porque acababa de ver a dos niños vestidos a la usanza pampina", acota Cruz. "Por supuesto que a mí también me extrañó", manifiesta.
Pero fue a la señora de Cruz, la coreógrafa Rochi Biagettí, a quien le ocurrió un suceso que pone los pelos de punta. Mario cuenta: "Mi señora estaba en labores artísticas en el teatro, cuando se me acerca y me dice que le dijera al electricista que no tocara las cajas de luz por un momento. Entonces yo la miré raro porque no había ninguno. Yo hubiera sabido de la visita de un electricista porque soy el encargado. Fuimos a buscarlo y no pasó nada. Uno siente como una cosa en la espalda cuando pasan esas cosas".
Intrigado, Cruz consultó acá y allá sobre algún electricista, y alguien le dio la información de que en la década del 450 uno murió en el teatro, realizando trabajos en la zona donde la coreógrafa lo había visto. -Quizás por ahí hay una explicación", aduce siempre escéptíco Mario.
Finalmente, señala que en más de una ocasión ha llegado algún carabinero (la Prefectura está al frente del teatro) preguntando quién era la persona que entró al lugar segundos antes de manera sospechosa. Por supuesto, nadie había visto nada.




Estos temas y más son publicados en la comunidad chilena de Ciencias Ocultas,
Enigmas & Casos Paranormales. 

Opina acerca de estos reportajes en el foro de

¿Necesitas una cuenta? ¡Regístrate ahora!

domingo, 28 de octubre de 2012

Vida después de la vida ¿Una realidad científica?


Aunque el tema de la supervivencia tras la muerte nunca ha dejado de generar interés, es evidente que ocasionalmente se producen repuntes en la atención mediática del mismo, desempolvándose al efecto viejos debates y preguntas aún por resolver sobre las sugerentes experiencias descritas por personas que han estado en el umbral de la muerte y por sus acompañantes. Desde hace unos meses uno de estos picos en el interés por este tema se registra en Estados Unidos, y los efectos de esa ola de curiosidad que ha barrido más de una veintena de países comienzan a dejarse sentirtambién en España. La culpa de este revival recae en el éxito editorial del libro Heaven is for Real -El Cielo es Real-, publicada en castellano este año por Zenith, una conmovedora obra que hasta la fecha ha vendido la friolera de seis millones de ejemplares.
En ella y de forma bastante emotiva se describe la experiencia de Collón Burpo, un niño de 4 años que experimentó durante una operación de apendicitis una singular experiencia cercana a la muerte. Pasados unos meses de aquella intervención de urgencias, el pequeño comenzó a narrar a sus padres lo que había vivido durante aquel trance, asegurando no solo que unos ángeles le habían visitado en el quirófano, sino cómo, tras verse flotando sobre su propio cuerpo, les había visto a ellos mismos rezando en una habitación cercana mientras le operaban. Fue el comienzo del desconcertante y colorido relato de Collón sobre una visita al cielo que, según sus propias palabras, duró apenas tres minutos, una experiencia que ha logrado despertar en un tiempo récord el interés de millones de personas por este tipo de casuísticas.

Lo que sabemos de las ECM
Más allá del efectismo actual de libros como El Cielo es Real, y del revulsivo fenómeno social y académico que supuso el éxito en 1975 de Vida después de la Vida de Raymond Moody, con toda probabilidad la obra más ambiciosa y precisa que se ha ocupado de esta fenomenología sea El retomo del silencio, del riguroso investigador de lo psíquico Scott Rogo. Publicada en 1989 y apoyada en las encuestas y estudios realizados por decenas de investigadores, este metódico trabajo se convierte en una suerte de metaanálisis de las principales investigaciones efectuadas hasta aquel momento, con conclusiones que estudios posteriores no han hecho más que ratificar.
Rogo cruzó los datos de escépticos y partidarios de la realidad de estos fenómenos, ofreciendo comparativas entre los clásicos episodios de experiencias próximas a la muerte, los reportes dejados por moribundos en el lecho de muerte, las visiones escatológicas del misticismo, y la imaginería descrita en estados alterados de conciencia inducidos por drogas como la ketamina. Además del componente transcultural de las experiencias, su riguroso conocimiento de la fenomenología PSÍ le permitió evaluar los casos también desde ese ángulo, pres-
tando atención a los episodios protagonizados por niños y a aquellos casos en los que la ECM fueron vividas como algo desagradable.
Una de las primeras consideraciones de este autor es la de delimitar las fronteras de lo que debe ser etiquetado correctamente como una ECM y lo que, aun con rasgos en común, ha sido clasificada como tal pero responde a otro tipo de fenómenos. En la ECM genuina deben concurrir indefectiblemente, según Rogo, estas dos circunstancias: "El testigo debe estar o bien cerca de la muerte física, amenazado por la muerte, o percibirse en un peligro semejante.
La persona debe tener o bien una experiencia extra-corpórea durante algún momento del episodio, o sus observaciones dar a entender que está funcionando en semejante estado".
A ello se añade además una clasificación muy simple de las ECM en simples, consistente en la experiencias extracorpórea, y escatológica, en la que además de describe algún tipo de viaje a otro mundo. La cuestión no es en absoluto baladí en la medida en la que contribuye a poner orden delimitando el objeto de estudio, y consecuentemente, definiendo lo que realmente resulta interesante y extraño. No hay que olvidar que la experiencia prototípica deducida por Moody entre 1975 y 1977 incluye hasta una quincena de fases -ver recuadro-, aunque no exista el caso perfecto que las aglutine todas. Esa mezcla de experiencias dispares bajo el paraguas de la ECM explicaría estadísticas tan abrumadoras como las del psiquiatra Bruce Greyson, quien en un artículo publicado en 1998 en la revista Med Psychiatry, estimaba que entre un 9 y un 18% de quienes han estado en situaciones de muerte inminente, experimentan una ECM.
Por su parte, en una célebre macroecuesta de Gallup sobre este tema publicada en 1982, se concluía que el 15% de los estadounidenses habían vivido una ECM. El problema ante porcentajes tan elevados está, precisamente, en delimitar la citada experiencia.
En un ejercicio de síntesis, las investigaciones de autores como el psicólogo social y doctor en Filosofía Kenneth Ring, el cardiólogo Michael Sabom o la investigadora británica Margot Grey, redujeron las fases de la ECM a cinco rasgos nucleares: sensación de serenidad, abandono del cuerpo, entrada en un túnel u oscuridad, percepción de una luz brillante y entrada en la luz. Pero incluso en estas fases secuenciales se incluyen fenómenos que aunque concomitantes, a juicio de Rogo pueden no tener nada que ver con la ECM, como sería el caso de la placidez frente al trance de la muerte o la vivencia espiritual del encuentro con la luz.
Del trabajo inicial de Ring en la Universidad de Connecticut(EEUU), que le permitió reunir 102 informes procedentes de diferentes hospitales del Estado, se sacaron en claro varias cuestiones sobre las ECM que estudios posteriores han ido corroborando. Según Ring, "casi todas las experiencias próximas a la muerte parecen desplegarse de acuerdo con un modelo único, casi como si la perspectiva de la muerte sirviera para liberar un "programa" común almacenado de sentimientos, percepciones y experiencias". Con ello, además de hablar de la experiencia nuclear de las cinco fases, hace hincapié en su estructuración, tras comprobar que cuanto más profunda es la ECM, más fases se experimentan, de manera que en experiencias cercanas cortas es muy infrecuente que los protagonistas vivan la percepción de la luz o la fusión con la misma. De igual manera, las experiencias eran más profundas cuando se generaban en un entorno de enfermedad grave y prolongada, frente a las experiencias más superficiales recogidas en casos de accidentes y de supervivientes de suicidios. Estos últimos, los suicidas, pocas veces comunicaron los aspectos profundos y teóricamente más espirituales de las experiencias, mientras que en los accidentados era mucho más frecuente que en cualquier otro supuesto que el sujeto experimentara una revisión panorámica de su vida.Tal vez esta última diferencia tenga que ver con el hecho de que en situaciones de patología crónicas o intentos de suicidio, esa revisión panorámica ya ha sido realizada de forma escalonada y consciente por el sujeto.
Por primera vez, también se atrevió a realizar una estimación estadística acerca de la probabilidad que tiene un sujeto que sufre una muerte clínica de vivir una ECM, cifrándola entre el 22 y el 40%, demostrando que las creencias religiosas no parecían determinantes y, más importante aún, que el conocimiento previo que los pacientes podían tener sobre las ECM a través de la prensa o libros, ejerce un efecto inhibidor. Es decir, que las ECM fueron menos frecuentes en quienes sabían de su existencia.
Años más tarde, el neurofisiólogo Peter Fenwick, analizando retrospectivamente todas las investigaciones realizadas, llegaría a una conclusión semejante al escribir: "No parece haber muchas dudas acerca de que las ECM se producen en todas las culturas y hay constancia de ello en todas las épocas de la historia escrita. Ocurren a jóvenes y viejos, a personas en
todas las etapas de su vida, a aquellos que creen que la vida tiene una dimensión espiritual y a aquellos que no profesan ninguna fe. Hay numerosos ejemplos de personas que tuvieron una ECM en épocas en que ni siquiera sabían que tales fenómenos existían"
Finalmente, otro descubrimiento de Ring sobre el que luego volveremos fue el de comprobar que la ECM había generando un cambio, una profunda transformación espiritual en un elevado número de sujetos. Este dato también fue observado por Greyson en sus estudios, quien detectó un giro hacia el cultivo de valores y una pérdida de interés por lo material en los sujetos que habían vivido estas experiencias -ver recuadro-.



Más cosas que sabemos: pesadillas, niños, y escatología
Con el paso de los años las investigaciones en este terreno han revelado otros detalles interesantes. Por ejemplo, las ECM vividas por niños como el pequeño Collón han permitido a estudiosos como el pediatra Melvin Morse, del Children's Orthopedic Hospital de Seatle (EEUU), poner de relieve que los menores casi nunca comunican en sus ECM fases como la de la visión retrospectiva de su vida o los "encuentros" con seres fallecidos. Además, partiendo de que tienen un desconocimiento de la literatura sobre estas experiencias y una conceptualización de la muerte muy diferente a los adultos, sus relatos anulan la hipótesis de la contaminación social, cultural y religiosa, reforzando el componente objetivo que parece subyacer en el conjunto de las ECM. Otro interesante enfoque fue abordado en 1987 por la doctora Carol Zaleski, por entonces profesora de religión de la Universidad de Harvard. En su libro OthemoridJouneys, Zaleski realiza un pormenorizado estudio comparativo entre las experiencias visionarias y la narrativa es-catológica medieval, de los siglos IV al XIV, y las ECM, poniendo al descubierto similitudes muy interesantes y diferencias igual de reveladoras.
Esencialmente, los relatos medievales de quienes aseguraron haber vislumbrado el más allá, presentan como gran diferencia un rico componente dogmático, con elementos muy coloristas que refuerzan la teología cristiana vigente. No se narran por ejemplo revisiones panorámicas de la vida, mientras que los relatos son muy elaboradosy ricos en alegorías que requieren de una interpretación, frente a la estructura diáfana y breve de las ECM. Además, los mensajes recibidos no son personales sino colectivos. Entre las similitudes está la salida del vos. Entre las similitudes está la salida del cuerpo, la contemplación de un límite "físico" entre los dos mundos, la transformación espiritual que experimentan de visionarios y "resucitados" y el sentimiento de nostalgia al regresar a la realidad cotidiana. Mientras que para Zaleski todo ello se explicaría si se considera a las ECM como una evolución hasta nuestros días de la experiencia escatológica grabada en nuestra psique, para Rogo la respuesta es algo más prosaica. Las piezas encajan a la perfección si se consideran los relatos escatológicos conservados y publicitados por el clero como una manipulación de las ECM reales que comunicaban eses. A partir del sustrato base, sacerdotes, monjes y teólogos incorporaban adornos literarios y teológicos.


Finalmente, otro rasgo destacable detectado en la casuística y menos estudia-tectado en la casuística y menos estudiado es el de las visiones infernales, las ECM negativas. Al igual que en las positivas, el sujeto está ante un peligro de muerte real y se ve fuera de su cuerpo, pero las sensaciones no son agradables. Ansledad, temor, inquietud, colores oscuros y en las fases más profundas, encuentros con presencias inquietantes y angustiosas escenas de infierno Iconográfico judeocristiano. Moody cita varios casos en Reflexiones sobre Vida después de la Vida, centrando este tipo de casuística una discutida monografía de 1978 del especialista en medicina interna Maurice Rawlings, de la Universidad deTennessee. Este experto en cardioreanimación relacionó las ECM negativas con este tipo de procedimiento médico, asegurando que la incidencia estadística podía ser mucho mayor.


La razón de la ausencia de datos la encontraba Rawlings en dos factores: el silencio por vergüenza de los protagonistas y el bloqueo del recuerdo por el trauma y el bloqueo del recuerdo por el trauma de la experiencia. Según este autor, las ECM Infernales eran muy frecuentes en suicidas, lo que en primera instancia nos habla de los sentimientos de culpa y de la carga que el suicidio lleva implícita en la cultura occidental cristiana. En la encuesta Gallup antes citada estas vivencias alcanzaban el 1%, mientras que en los estudios de Margot Grey de 1985 subían al 12%. Otros autores como Bruce Greyson junto a Nancy Evans Bush, o la doctora R M. H.Atwater, publicaron sus propias monografías al respecto. Para esta última e influyente Investigadora, que ha vivido en sus propias carnes nada menos que tres ECM y recogido varios miles de testimonios, la frecuencia de las experiencias cercanas a la muerte negativas alcanza el 15% en adultos y el 3% en niños, frente al 47% y el 19% respectivamente de las visiones celestiales.



Cirujanos extracorpóreos y la evidencia física
Sabemos muchas cosas de las ECM. Mientras algunas apuntan a la desnuda objetividad de una parte de la experiencia, otras parecen corresponderse con un rico fondo de armario con el que se viste de forma muy subjetiva la vivencia base. Partiendo desde la obviedad de que nunca sabremos realmente si estos casos nos hablan realmente de un tránsito frustrado a otra vida, o de experiencias que nos muestran un modelo de conciencia diferente, lo más prometedor desde el paradigma científico actual sería indagaren la verificación de la información suministrada.


En este sentido, varios han sido los in-En este sentido, varios han sido los intentos. Una treintena de casos protagonizados por Invidentes, investigados por Ring y Sharon Cooper, experta en religiones y espiritualidad oriental de la Universidad de Nueva York, apuntarían en esa dirección. Catorce sujetos eran ciegos de nacimiento y el 80% de los entrevistados hablaron de experiencias visuales, no encontrándose semejanzas significativas entre sus vivencias y las comunicadas por personas sin discapacidad visual. ¿Se explican estás escenas visuales a partir de recreaciones elaboradas con los datos conocidos?, o por el contrario, ¿hay una percepción consciente ajena al cuerpo?
Un centenar de casos fue la primera remesa que lograron reunir el cardiólogo Michael Sabom, y la asistente social especializada en psiquiatra Sarch Kreutziger. Los informes procedían de Florida y Georgia, confirmando de forma independiente muchos de los hallazgos ya mencionados, como la nula influencia de la cultura y las creencias, la pérdida del miedo a la muerte en quienes las habían experimentado, la probabilidad media de vivir una ECM en episodios de muerte clínica, o el hecho de que quienes sabían del tema las experimentaron en menor grado. Uno de los datos más significativos aportados por sus pacientes fue el relativo a la correlación entre las ECM y la mayor o menor gravedad de los fallos cardiacos. A mayor gravedad, con pérdidas de la conciencia que podían superar el minuto de duración, mayor frecuencia en las ECM, y cuanto más largos fuesen esos procesos, mayor profundidad en las fases de la ECM. A todo lo anterior Sabom ofreció un enfoque muy valioso de cara a reforzar la objetividad de estas experiencias, especialmente de las observaciones comunicadas en estados extracorpóreos. Algunos de sus pacientes aportaban descripciones aparentemente muy precisas de las intervenciones quirúrgicas a las que habían sido sometidos cuando experimentaron la ECM, por lo que decidió centrar sus esfuerzos en estos casos.
Su detallado análisis le llevó a plantear que, efectivamente, sus pacientes comunicaban con desconcertante precisión los procedimientos médicos a los que habían sido sometidos. Sabom descartó en algunos casos la posibilidad de que los sujetos reconstruyeran las intervenciones a partir de lo que podían haber escuchado, incluso bajo anestesia, en la sala de operaciones.Ypara eliminarla posibilidad de una alucinación realista elaborada por los pacientes, a partir de un conocimiento hipotéticamente preciso de su enfermedad y de los protocolos terapéuticos, pidió a un considerable número de enfermos con cardiopatías que, tras observar una operación, reconstruyeran lo observado. El resultado fue revelador, el 80% de los sujetos presentó numerosos errores que contrastaban con la precisión demostrada por los que habían visto su operación durante la ECM. Indiscutiblemente el rasgo extracorpóreo continúa siendo, hoy por hoy, el más susceptible de ser explorado científicamente para una verificación objetiva de la experiencia cercana a la muerte. Que los pacientes sean capaces de reconstruir escenas y conversaciones con detalles precisos que pueden es-tarsucediendo en otros lugares distantes, es sin duda sobrecogedor, y se entiende que sea la fase más impresionante en la medida en la que también hace participar a los demás de la situación.
La cuestión por tanto es, ¿cómo eliminar la posibilidad de que lo que teóricamente ha observado extracorpóreamente un paciente no sea realmente una vivida reconstrucción realizada a partir de lo que pudo oír o percibir inconscientemente? El protocolo de Sabom fue cuestionado ya que no acotaba de forma fehaciente todas las probabilidades. Es posible que el cardiólogo Sam Parnia pensara en ello cuando diseñó el Proyecto Aviare.


El Efecto Lázaro
Cuando Parnia puso en marcha el Proyecto Conciencia Humana y su estudio Aviare en 2008, ya acumulaba una destacada experiencia en la investigación del fenómeno. Junto a un vehemente y combativo Peter Fenwick, neuropsiquiatra y neurofisiólogo del Roya/ College of Psychiatrists, había analizado en 2002 sesenta casos de paradas cardiacas con ECM incluida. Ambos se percataron de que los protagonistas revelaban "detalles específicos relacionados con las técnicas de resurrección, verificados por el personal del hospital, que no pueden, sencillamente, explicarse de esta forma". La gran pregunta sobre la objetividad de la experiencia seguía en el aire y Parnia no parecía dispuesto a dejarla sin respuesta. Por eso puso en marcha a través de la Universidad de Southampton, en Reino Unido, un experimento que entre otras cuestiones permitirá verificar si más allá de toda duda razonable, hay una percepción extracorpórea objetable en estas experiencias.


En 25 hospitales colaboradores de Reino Unido, Estados Unidos y varios países europeos, se han instalado en zonas elevadas e inaccesibles de las habitaciones dispositivos generadores de imágenes aleatorias. De esta forma, es imposible predecir las imágenes que se generan en las pantallas, que tampoco están al alcance de pacientes, familiares y personal médico. De esta manera, si se da una ECM genuina, es decir, con salida de la conciencia, el sujeto podría contemplar lo observado, lo que estaría muy cerca de la máxima deseable del "más allá de toda duda razonable". La comunidad científica internacional espera con interés los resultados de su estudio, anunciado para antes de 2012 bajo la forma de un libro que ya tiene título, El Efecto Lázaro. Tal vez, para cuando usted tenga este artículo entre sus manos, Parnia sea noticia de portada.


























Un problema de conjunto en torno a las ECM

Aunque se hace necesario delimitar con precisión la ECM y distinguirla de otros estados, no deja de ser cierto que estas experiencias están íntimamente relacionadas con otros episodios de corte paranormal o inexplicable que se dan al borde de la muerte. Episodios que sugieren trascendencia y, por qué no, supervivencia. De esta opinión ya era Rogo, quien admitiendo las diferencias se muestra proclive a buscar una suerte de "teoría del todo" en Retorno del Silencio. "No podemos separar el estudio de la Experiencia Próxima a la Muerte de los fenómenos de muerte con ella relacionados. La cuestión primordial que plantea la ECM es si esas experiencias demuestran la existencia de otra vida. No podemos enfrentarnos a esta cuestión sin estudiar otras formas relacionadas de experiencias psíquicas que tienen relación con ella o se le asemejan. Cualquier modelo conceptual que formulemos para explicar la ECM debe ser capaz también de explicar las visiones en el lecho de muerte", expone.


El periodista Michael Tymn, comparte de forma algo más ambiciosa ese punto de vista: "Creo que ni un solo caso o fenómeno es convincente en sí mismo. Lo realmente convincente es la acumulación de evidencias, lo mejor de la investigación sobre me-diumnidad, lo mejor de las visiones en el lecho de muerte, los mejores casos de reencarnación y los mejores estudios sobre viajes astrales y ECM. Cuando se contemplan globalmente, vamos un paso más allá de la ase-
veración legal de 'más allá de toda duda razonable".
En esa dirección ha transitado con pie firme y sin timidez Raymond Moody en las últimas décadas, dando como resultado libros tan reveladores como Destellos de Eternidad, donde habla de las experiencias de muerte compartida en las que moribundos y acompañantes experimentan este tipo de vivencias. De forma valiente también lo había hecho bastante antes el
pediatra Mervin Morse, quien se interesó por las ECM vividas por niños allá por 1983. Diez años más tarde publicaría Últimas Visiones, una obra en la que pone en relación las ECM con las vivencias de moribundos en el lecho de muerte y las visiones de familiares y personal médico que con frecuencia le eran comunicadas. Parece inevitable que todos los expertos que se aproximan al fenómeno terminen tomando contacto cercano con esas otras vivencias. Aunque la temática y el contexto inducen fácilmente a relacionarlas, también la estadística fría acude en auxilio de ese vínculo.
Cuando el para psicólogo Karlis Osis publicó en 1961 sus detalladas investigaciones sobre medio millar de visiones de moribundos en el lecho de muerte, los expertos en ECM se percataron de la existencia de algunos elementos en común con estas, como es el caso de la visión de amigos, personas fallecidas o guías espirituales durante el desarrollo de ambas experiencias, y el atisbo de reconfortantes escenas del "más allá".
Entre las diferencias Rogo destacó dos: que el moribundo está conciente y lúcido mientras que el protagonista de ECM está en muerte clínica; y que la conciencia está situada para el moribundo en su cuerpo mientras que se percibe como fuera en las ECM.


Experiencias que cambian la vida
Víctor J. Zammit fue durante décadas uno de los nombres propios de la justicia en Australia. Su interés por las ECM le llevó a sumergirse en su investigación tras jubilarse, convirtiéndose en una de las voces más autorizadas sobre la materia, con un enfoque jurídico del problema muy peculiar. En 2001, emulando al pseudoes-céptico James Randy, creó un premio de un millón de dólares a quien demostrase, más allá de toda duda razonable, que el "otro lado" no existe. Ese argumento lo combate alegando que se trata de "una objeción inadmisible porque el objetor está haciendo una suposición, que no hay otra vida sin producir ninguna evidencia objetiva de que no hay otra vida. Nadie en la tierra ha producido prueba que demuestre que no hay otra vida, por lo tanto, la objeción no puede ser aceptada y técnicamente la objeción es
inadmisible sobre todo cuando hay universal mente una enorme cantidad de pruebas expresamente -en gran parte objetiva y repetible- para la existencia de la otra vida".
En su web www.victarzam-mft.com, entre otros muchos contenidos, recoge la investigación de la experta australiana Cherie Sutherland, socióloga y también ella protagonista de una ECM, quien entrevistó a medio centenar de supervivientes
con su misma experiencia, ratificando el cambio vital que supuso su encuentro con la muerte.
Los efectos descritos, que coinciden con otros estudios, los esquematiza así:

• Creencia universal en la vida postuma.
• Una proporción elevada (80%) creen en la reencarnación.
• Ausencia total de temor a la muerte.
• Cambio dramático de la religión organizada a la práctica espiritual.
• Aumento estadísticamente significativo de la sensibilidad psíquica.
• Visión más positiva de sí mismo y de los demás.
• Aumento del deseo de soledad.
• Aumento del sentido de propósito.
• Falta de interés en el éxito material aunado o marcado aumento en el interés del desarrollo espiritual.
• El cincuenta por ciento experimentaron mayores dificultades en sus relaciones íntimas como resultado del cambio de prioridades.
• Aumento en el sentido de la salud.
• La mayor parte pasó a tomar menos alcohol.
• Casi todos dejaron de fumar.
• La mayor parte dejó de usar las medicinas de la industria farmacéutica.
• La mayor parte pasó a ver menos programas de televisión que con anterioridad.
• La mayor parte leyó menos diarios.
• Aumento del interés por las curas alternativas y otras terapias.
• Aumento del interés de aprender y del autodesarrollo.
• El 75% experimentaron un gran cambio en sus carreras hacia áreas en las que se ayuda a los demás.




sábado, 27 de octubre de 2012

Aparece un fantasma en partido de fútbol


INSÓLITO: Aparece un fantasma en un partido de fútbol

Imagen enviada



Resulta que en el encuentro, el colombiano James Rodríguez anotó un gol para su equipo, el Oporto de Portugal.

Lo extraño de la historia comienza cuando el jugador se puso a festejar su gol y la hinchada acompañó la euforia del futbolista.

En una fotografía de un periodista de AP, se capta el festejo y se logra ver una espeluznante sombra que permanece sentada, mientras los fanáticos festejan de pie.

La imagen muestra una figura que permaneció errática en las gradas, al lado de un niño. Una espectral figura parece la de un hombre de otra época, con una vestimenta antigua y un peinado pasado de moda.

Se pensó que la sombra se debía a la presencia de un fantasma, pues la imagen de la fotografía es verdaderamente impresionante.

La particularidad del gol hizo pensar a los colombianos de que una fuerza extraña estaba ayudando al jugador, pues el balón viaja de cabeza en cabeza hasta llegar al dominio de James.

El partido se llevó a cabo el pasado 3 de octubre, y desde entonces se especuló de la existencia de fantasmas en el estadio.

De acuerdo con Yahoo, así pasó el tiempo, hasta que otra fotografía, vista desde otro ángulo, reveló que se trataba de una mujer de avanzada edad que festejó sentada, o al menos eso se dijo, tal vez para evitar el pánico de los futuros aficionados visitantes.





Misterio develado: el "fantasma" del Porto no existe



El misterio que mantuvo en vilo al fútbol portugués y que dio la vuelta al mundo en muy poco tiempo fue finalmente develado por un fotógrafo de un diario de aquel país, que sirvió pararomper el mito del supuesto "fantasma" que festejaba los goles del Porto.
Durante el partido en el que conjunto local le ganó al Paris Saint Germain, una imagen que mostraba a la tribuna festejando el tanto del colombiano James Rodríguez desató muchas dudas ya que, en la misma, se podía vislumbrar una figura extraña sentada junto a la gente que festajaba, casi sin inmutarse.
Inmediatamene, muchas teorías comenzaron a surgir para explicar dicho fenómeno, y hasta se elucubraron hipótesis acerca de la existencia de un espíritu que habitaba en las tribunas del conjunto portugués.
Sin embargo, Eugenio Queirós, fotógrafo del diario Récord, dio por finalizadas todas las suspicacias cuando mostró otro ángulo de la misma tribuna en la que se puede apreciar que el supuesto "fantasma" no es más que una señora mayor que simplemente no se levantó a festejar el gol como sus compañeros de butaca.
De esta forma, aquellos escépticos que nunca confiaron en la hipótesis del espíritu pueden golpearse el pecho y mantener firme su postura, mientras que los que hablaron de la existencia del fantasma deben estar bien escondidos, a la espera de una nueva imagen que los vuelva a saltar a la fama.

domingo, 21 de octubre de 2012

Stanley Kubrick, sus secretos develados



Siendo fascinante desde el punto de vista cinematográfico, el análisis de las obras de Stanley Kubrick admite otras perspectivas más inquietantes. De hecho, varios de sus filmes más relevantes destacan por su lenguaje subliminal y sus símbolos más o menos evidentes. El resultado de un estudio a fondo de sus películas abunda en una polémica idea: el director norteamericano pudo tener conocimiento de los siniestros planes de alguna importante sociedad secreta.
por ROBERT GOODMAN

Tras el éxito de Lolita (1962) y Teléfono Rojo: Volamos hacia Moscú (1964), Kubrick empezó el rodaje de 2001: Una Odisea del Espacio (1968), tomando como punto de partida un cuento de Arthur C. Clarke, que luego se convertiría en un libro homólogo. Considerada desde el presente, parece que la elección de este título no fue aleatoria. ¿Por qué 2001 ? Todo el mundo recuerda la tragedia del 11-S, ocurrida ese mismo año, y cómo desde entonces nada es Igual. Con el paso del tiempo, van apareciendo más evidencias de que fue un golpe desde dentro para acelerar la venida del Nuevo Orden Mundial, planeado por la masonería superior y por los Illuminati desde el siglo XVIII. ¿Qué tienen que ver estas sociedades con Kubrick? Pues mucho.

¿UN DON PROFÉTICO?
Para empezar, entre 1968, año del estreno de la película, y 2001 hay «33» años, y este número tienen mucha importancia para los Illuminati. En la película vemos cómo 18 meses antes de la misión a Júpiter, en 1999, los norteamericanos descubrieron un monolito negro en una zona de la Luna. Reciben la visita de Floyd Heywood, el Jefe de Seguridad de la base lunar, que acompaña a dos astronautas para unirse con otros tres que los esperan en el lugar de la excavación del monolito. Cuando bajan una rampa, vemos los soportes metálicos que sostienen las rocas extraídas. Su diseño tiene una similitud asombrosa con la estructura torcida de los restos inferiores de las Torres Gemelas, poco tiempo después del 11-S. Esto no es casualidad, ya que, en 1993, detrás de una de las torres, se construyó un enorme monolito negro como homenaje a Stanley Kubrick por su película 2001. Esta mole de cristal teñido de negro estaba en el Hotel Hilton Milenio, en Manhattan, y después de los atentados la vimos cubierta de polvo como mirando hacia los escombros y restos de las Torres Gemelas. ¿Estamos frente a un don profético o la revelación de un hecho planeado? En la última parte de la película, Mas Allá de Júpiter y el Infinito y después de entrar el Stargate entre las lunas de Júpiter, Bowman experimenta un proceso de envejecimiento acelerado. Durante este proceso le vemos caminando en una habitación neoclásica. Mientras, se oyen unos sonidos metálicos parecidos a los ruidos amplificados de Júpiter y otros planetas. Desde mediados de 2011, se están oyendo extraños sonidos que parecen provenir de las nubes, el cielo o el mar y, en algunos casos, son Idénticos a los que Kubrick emplea en la escena de la habitación. ¿Intenta Kubrick avisarnos de que, entre 2011 y 2012, se avecina un cambio trascendental para la especie humana?


Es probable que Kubrick hubiera leído Die steine sprechen (Las piedras hablan), publicado en 1927 por la austríaca Vicki Baum. Este libro dedica un capítulo a la profecía escondida en la Gran Pirámide, que vaticina que en 2012 el mundo cambiaría. Según el mismo, en la escalera que conduce a la Cámara del Rey, correspondiente al año 2001, se descubrió una extraña losa de piedra negra en el techo, muy parecida al monolito de la película, y que está justo en un estrechamiento a baja altura de la escalera, a lo largo del tramo que corresponde a los años 2001 a 2012. La única forma de llegar a la Cámara del Rey (2012) es agachándose. Precisamente, entre 2001 (11 -S) y hoy (septiembre 2012), la humanidad está siendo obligada a apretarse el cinturón y aguantar precarias condiciones de vida. De una manera u otra, esta situación habría de cambiar cuando la humanidad llegara a la Cámara del Rey a finales de 2012: el Fin de los Tiempos según los mayas y los egipcios.


EL MÉTODO LUDOVICO
Un poco antes de terminar el rodaja de 2001, Kubrick leyó una novela de Anthony Burgess que sería la base de La naranja mecánica, estrenada en 1972. Casi totalmente fiel al texto, excepto por el último capítulo, el director realiza una película de extrema violencia, que pretendía retratar un futuro donde las bandas de delincuentes se dedican a violar, robar y dar palizas a los indefensos. En el filme, el líder de esa banda de cuatro miembros es Alex, personificación del mal y, a la vez, amante de la Sinfonía N° 9 de Beethoven. La pandilla se reúne en un lugar donde toman leche mezclada con estimulantes, para activar su naturaleza agresiva y prepararse ante una noche de violencia.



En un momento dado, roban un deportivo y se detienen en una vivienda de las afueras, accediendo a ella tras fingir un accidente y pidiendo llamar por teléfono. Una vez dentro, violan a la mujer que les abre la puerta, y dan tal paliza a su marido, un escritor, que le dejan parapléjico. La noche siguiente, después de pelearse entre ellos, la banda acude a otra casa, donde vive una profesora de yoga rodeada de gatos. Alex entra primero, encuentra a la mujer y la mata con la escultura de un enorme falo. Cuando se dirige a la puerta principal para dejar pasar a sus colegas, llega la policía. Le detienen y le acusan de asesinato, por el que es condenado a 14 años de cárcel. Al cabo de dos, se presta para un experimento, el «tratamiento Ludovico», en fase experimental, que pretende librarle de la agresividad para reinsertarle en la sociedad. Le atan a una silla bajo los efectos de una droga, obligándole a mantener los ojos abiertos. Le hacen ver películas violentas, una de las cuales incluye en su banda sonora la novena sinfonía de Beethoven. Con solo dos semanas de tratamiento, está preparado para participar en una prueba ante la prensa y miembros del Gobierno. Aprueba con honores y le ponen en libertad. En su primer día fuera, se va encontrando con aquellos a quienes maltrató y se convierte en su víctima. Acaba en la casa del escritor parapléjico que le secuestra y le obliga a escuchar la novena de Beethoven una y otra vez. Asqueado, Alex intenta quitarse la vida tirándose por una ventana. A pesar de las múltiples fracturas, no muere y despierta en un hospital donde le operan para devolverle a su estado original. El ministro de Interior responsable del Método Ludovico quiere recompensarle, y le ofrece trabajo a cambio de su colaboración con la prensa. Por fin, Alex puede escuchar a su querido Beethoven sin sentirse enfermo y disfrutar al visualizar actos de violencia. Según Paul Duncan, autor de Stanley Kubrick: Filmografía Completa (Taschen), el director cree que el mensaje de la novela de Burgess es que el hombre debe poder elegir entre el Bien y el Mal, incluso si opta por el Mal. La negación de esta elección le convierte en algo no humano, una naranja mecánica.




BURGESS Y EL MK-ULTRA
En una biografía escrita por Roger Lewis sobre la vida de Anthony Burgess, la inspiración para escribir La naranja mecánica fue consecuencia de la violación de su propia mujer por parte de cuatro soldados norteamericanos en la época de la Guerra de Vietnam y, también, de su trabajo en los Servicios Secretos Británicos y la CÍA en experimentos de Control Mental, llevados a cabo en la actual Indonesia, en la década de los cincuenta del siglo pasado. Es relevante mencionar que prácticamente todos los agentes británicos que han trabajado en este tipo de proyectos son masones de alto grado (ver recuadro). Fue allí, en el sudeste asiático, donde participó en pruebas de control mental para provocar respuestas emocionales en el cerebro, mediante el placer y el dolor. Estas técnicas habrían sido las mismas desarrolladas en EE UU por médicos nazis, establecidos en ese país gracias a la Operación Paperclip. Supuestamente, algunos de estos científicos habrían trabajado con la CÍA perfeccionando un sistema llamado MK-Ultra, donde la inicial «K» proviene de la palabra alemana Kontrolle.
Después del fracaso europeo de su filme Barry Lyndon, Kubrick se puso a trabajar en una película de terror, El resplandor (1980), sobre la base de una novela de Stephen King. Hay varias diferencias entre el libro y la película, y es obvio que cambia algo cuando quiere revelar un hecho no visible a primera vista. Distintos Investigadores han descubierto diferentes anomalías. En particular, un director de cine norteamericano, Jay Weidner, Interpreta El resplandor como un análisis profundo de Kubrick. Jack Torrance, el vigilante del Hotel Overlook, representa su lado racional, práctico y ambicioso, dispuesto a todo para conseguir su objetivo. Por otra parte, su hijo, Danny, es su lado intuitivo, inocente y demasiado confiado en los extraños, a quienes habla dándoles demasiada información. Wendy, la esposa del protagonista y madre de Danny, representa a Cristiane, la mujer de Kubrick.


JUEGA CON NOSOTRAS
En la primera parte de la película, Jack acepta el trabajo en el hotel, a pesar de haber sido informado de los asesinatos que se habían cometido allí en el pasado. En su primer día de estancia, toda la familia conoce a Dick Halloran, el cocinero del hotel que comparte con Danny su capacidad psíquica, llamada precisamente «Resplandor». Dick le pide a Danny que no se acerque a la habitación 237 y, en mi opinión, el significado de este número es lo que Kubrick quiere revelar. Al principio, JackTorrance, que se supone que ha aceptado ese trabajo para poder escribir una novela, no consigue inspirarse. Le vemos lanzando una pelota a una de las paredes en la que hay colgado un gran tapiz indio. Tras un último lanzamiento, hacia una pared distinta, la pelota rebota y desaparece en las sombras.


Al cabo de un mes de estancia en el hotel, el invierno llega mediante una gran tormenta. Jack, su familia y el Hotel Overlook están aislados por la nieve. En esta parte de la película, Danny conduce su coche de pedales por los pasillos del hotel, cuando ve a las hijas del anterior vigilante. Las niñas se dirigen a Danny desde su posición dlciéndole: «Ven a jugar con nosotras, Danny. Para siempre». Danny, atemorizado, se da media vuelta y huye (para Weidner, esta llamada significa una clara invitación a Kubrick para que se una a los Illuminati, una invitación que posiblemente acepta).
En otra escena, Wendy descubre que en la habitación 237 se hospeda una mujer decrépita, que había atacado a Danny cuando éste entra en la misma, cuya puerta estaba abierta, y le pide a su marido que investigue. Como lo que ocurre allí es un secreto, Jack miente a su mujer. No convencida, ella se arma con un bate de béisbol y busca a la intrusa. Es entonces cuando descubre que Jack, durante todo el tiempo de su estancia, solo ha escrito una frase que se repite cientos de veces: All work and no play makes Jack a dull boy (Todo exceso de trabajo sin descanso me hace aburrido). La frase en inglés tiene 33 letras y probablemente sea un mensaje entre masones.
En este punto, Wendy (Christiane) le pide a Jack (Kubrick) que deje su compromiso, a lo que él se niega porque está obligado a continuar.


Mientras tanto, Danny emplea sus capacidades psíquicas para atraer a Dick Halloran desde Florida hasta el hotel. Cuando llega Halloran, Jack lo asesina. Kubrick quería contar algo muy especial en esta escena. Probablemente, su lado inocente, representado por Danny, informó a alguien que él (Kubrick) había llegado a un acuerdo secreto con su Gobierno, en tanto que Halloran sería la persona que representa a quien Kubrlck reveló los detalles de este acuerdo y, por lo tanto, era necesario eliminarle. Por eso Kubrlck tuvo que esconder toda esa Información crucial dentro de la estructura de la novela de Stephen King. El gran director norteamericano quería revelar la verdad, pero también temía por su vida.





OJOS CERRADOS O... ¡MUERTE!
En su última película, Eyes Wide Shut (1999), Kubrick pone toda la carne en el asador, a través de sus ahora evidentes y continuadas denuncias contra la Alta Masonería y los Illuminati. La película se basa en la novela Relato soñado, escrita en 1925 por el autor Arthur Schnltzler (coetáneo de la mencionada Vlcki Baum y, como ella, nacido en la capital austríaca), y trata de la decadente sociedad vienesa de finales del siglo XIX y principios del XX. Kubrick nos presenta a una élite dormida en la sociedad de hoy, como si vivieran en un sueño. Ese estado provocado por el control mental -MK-Ultra- y que el director nos enseña con referencias verbales y visuales al arco iris (Rainbow), una clave importante en este tipo de programación. Pongamos un ejemplo. Al principio de la película, el protagonista, Bill Harford -encarnado por Tom Cruise- habla con dos modelos. Bill les pregunta a dónde van. Una de ellas dice: «Hasta el final del arco iris», que es el título de una canción de la película El mago de Oz y que se  utiliza en el Control Mental para niños.
Veamos otro. Como consecuencia de una Información que Nick Nightingale (el pianista) facilita a Bill durante su actuación en el Club Sonata, éste decide visitar la mansión a la que el planista piensa acudir. Sin embargo, Nick le dice que no es posible que vaya, ya que tiene que ir disfrazado, con capa y máscara, y a esas horas de la madrugada es difícil encontrar una tienda abierta. Pero Bill, que es médico, tiene un cliente que vive en el mismo edificio donde hay una tienda de disfraces que, curiosamente, se llama Rainbow (arco iris). A continuación, se dirige a la tienda y llama al timbre, a sabiendas de que, aunque está cerrada, el propietario vive allí.


La tienda es la tapadera de algo muy siniestro. El dueño, además de alquilar disfraces, también es el proxeneta de su hija menor y ofrece sus servicios a los mejores compradores. Es la típica esclava sexual creada por el Programa MK-Ulltra Monarch, traumatizada desde su más tierna infancia para disociar su personalidad en diferentes alter egos. La chica no parece estar disgustada con su padre y, al terminar con dos clientes orientales, se acerca a Bill Haríord susurrando en su oreja una frase de 33 letras: You should weara cape lineó with ermine (Debes llevar una capa forrada de armiño). Estas capas han sido llevadas por los descendientes directos de los Annunaki -dioses extraterrestres súmerios- desde hace miles de años. Con ellas se celebrarían los rituales de sangre en las mansiones de los Illuminati, donde se sacrificarían niños y jóvenes para beber su sangre y así incrementar su poder. Pertrechado con su capa y una máscara, Bill Hartford (Tom Cruise) acude a la mansión en taxi. Para que le permitan entrar, dice la contraseña que le había dado su amigo Nlck: Fidelio. Una vez en su interior, Harford se descubre en mitad de la celebración del ritual de una siniestra Sociedad Secreta, con orgía incluida. Al fondo, se oye una especie de canción litúrgica cantada al revés.
Algunos investigadores creen que es una misa ortodoxa rumana. Además, se oye una voz solista. Otros sostienen que canta al revés un himno de veneración al faraón Keops, cuya letra habla de ofrecer el sacrificio de niños y bebés al soberano. Exactamente 666 días después (ver recuadro) de entregar una versión editada de Eyes Wide Shut a la productora Warner Brothers, en 1997, Stanley Kubrick falleció mientras dormía, en abril de 1999, supuestamente a causa de un infarto. Según su esposa, Christiane, Kubrick no tenía antecedentes de enfermedades coronarias, aunque en aquel entonces estaba muy preocupado por la pérdida de su hija favorita, Viviane, con la que había perdido todo contacto después de que ésta hubiese entrado en la iglesia de la cienciología.

NOS VAN A ENVENENAR
Hay quien piensa que Kubrick fue envenenado con una sustancia Imposible de detectar una vez cumplida su función. En defensa de esta teoría, estaría el hecho de que, en sus últimas voluntades, dejó instrucciones para ser enterrado en el jardín de su mansión. Al parecer, pensando que en el futuro habría medios para detectar dicha sustancia. En este sentido, en 2002, Nicole Kidman (Alice, la esposa de Bill Harford en Eyes Wide Shut) declaró a la revista norteamericana The National Enquirerque, durante la producción de Eyes Wide Shut, Kubrick les aseguró: «Nos van a envenenar a todos, tan rápidamente que no tendremos tiempo ni para estornudar». 



Estos temas y más son publicados en la comunidad chilena de Ciencias Ocultas,
Enigmas & Casos Paranormales. 

Opina acerca de estos reportajes en el foro de

¿Necesitas una cuenta? ¡Regístrate ahora!



sábado, 20 de octubre de 2012

La maldición del Titanic


Mucho es lo que se ha hablado del tétrico pasajero -una momia- que viajaba en uno de los departamentos estancos del gran buque de la White Star Line. Demasiado si tenemos en cuenta que al no tener pruebas de ello -y los inventarios de la compañía británica eran meticulosos- es probable que nos encontremos ante una más o menos bien tejida leyenda urbana, que frente a un hecho real, Aún así forma parte de la historia del no menos histórico hundimiento, del que todo sea dicho, ahora se cumplen cien años, con demasiadas incógnitas detrás...

por Lorenzo Fernández Bueno


Incluso se ha querido ver al antiquísimo cadáver cubierto de vendas como el causante -sutil, todo hay que decirlo- de la catástrofe. Como si la supuesta momia llevara implícita una maldición que se cebó con el Titanic la noche del 15 de abril de 1912. Yo no creo que existiera la momia, pero sí algo extraño, ura especie de augurio que decidió posar su gélida mano sobre el barco, que como si se tratase de eso, de una maldición, hizo que el insumergible se fuera a pique. Así transcurrió todo...
William, un hombre barbado y entrado en años se despertó sobresaltado. Tanto que a pesar de las intempestivas horas se lanzó a su pupitre, encendió la vieja lámpara de gas, removió el negro líquido que se apreciaba al fondo del tintero de plata, y de manera compulsiva, casi inconsciente, empezó a escribir. De este modo, horrorizado conforme avanzaban las líneas,fue dibujando una premonición que meses después acabaría siendo publicada en forma de opúsculo literario. La obra pasó sin pena ni gloria, pero su trama permaneció en la cabeza del mediocre escritor; gentes gritando en mitad de la oscuridad, cuerpos sin vida flotando en las frías aguas, los bancos de hielo como únicos testigos de la horrible catástrofe, y al fondo, el metal desgarrado procedente de un enorme buque que acababa de partirse en dos, y como engullido por el legendario Leviatán, se precipitaba a los abismos de un mar infinito.
William, veinte años después atravesaba la pasarela que habría de conducirle a los camarotes de primera clase. El día, cálido y pleno de emociones, se antojaba preludio de muchas y buenas experiencias.Y así, al cabo de unos minutos miles de personas alzaban sus pañuelos blancos, inmaculados despidiendo a los afortunados que se perdían en el horizonte, y que con cierta sorna los observaban desde las cubiertas de aquel majestuoso transatlántico, al que en honor a su indiscutible fortaleza llamaron Titanic...
Su nombre es evocador, ejemplo de una época contradictoria, y su silueta podría estar a la altura de iconos como el Che. El Titanic, por aquellas días de 1912 era el barco más grande jamás construido; el más resistente y lujoso, pero ello no fue óbice para que cinco días después se desencadenara una catástrofe demasiado sospechosa; coincidencias, insólitos comportamientos de algunos pasajeros, y lo absurdo de su hundimiento hacen pensar que tras el mismo hubo, por qué no, algo más. Montemos por unos instantes en una particular máquina del tiempo y viajemos a Southampton. El día: 10 de abril de 1912.


El pulgar de Dios
Tras años de dura competencia, la compañía naviera White Star Une lograba colocarse por delante de su directa rival, la Cunard, contando en su flota con los barcos más modernos del mundo, que aunaban lujo, vanguardia, tecnología y seguridad. Eran el Olimpio, el Britania y el Titanic, este último el más grande portan sólo 35 centímetros -los otros dos medía de proa a popa 265 metros-. La obsesión de su dueño, el financiero multimillonario J. R Morgan, iba a hacerse realidad: cubrir la travesía Southampton-Nueva York en siete días.
Al igual que sus hermanos, este último fue construido en los astilleros de Belfast, en las costas irlandesas. Era un barco concebido para atravesar las vastas planicies oceánicas con el máximo confort, y solo apto para las clases pudientes de la época, que pagaron enormes sumas de dinero por viajar en aquel buque supuestamente insumergible.


El 10 de abril de 1912, el Titanic zarpaba de los muelles de Southampton con 2.227 pasajeros a bordo, ante la admiración de una muchedumbre que contemplaba atónita cómo aquella mole de acero se alejaba ¡flotando! del puerto. AI poco de partir, la tragedia daría su primer aviso: un barco sin rumbo aparente estuvo a punto de colisionarcon el Titanic. El sobresalto que enseguida fue olvidado. El veterano capitán Edward Smith estaba eufórico. Sobre él había recaído el privilegio de realizar su última travesía, comandando el buque más grandioso del planeta. Era el premio a sus veinticinco años de servicio en la White Star sin sufrir percance alguno. Observando su ajado pero feliz rostro nada hacía presagiar que aquel viaje fuera a enturbiar tan magnífica trayectoria profesional. Además, por si su experiencia no constituía de por sí suficiente garantía, contaba con una tripulación de jóvenes y capacitados oficiales, entre los que destacaba por méritos propios el primer oficial Willlam M. Murdoch, un eficiente marino de solo 27 años, al que el destino había reservado el papel de fatídico protagonista en la historia.


Llevaban cinco días de apacible travesía. Entre los incidentes apenas dignos de mención figuraba la Incomprensible desaparición de los prismáticos que alguien sustrajo de la cruceta de vigilancia, para desesperación del joven Reginald Lee. Por su parte, John George Phillips, el radiotelegrafista, atendía con evidente desgana los avisos de peligro que con frecuencia enviaban los barcos que navegaban por la zona; a pocas millas de donde se encontraban se había detectado un inmenso banco de hielo del que se desprendían numerosos icebergs, algunos de los cuales se hallaba en la ruta que estaba siguiendo el 77tamc.Tal vez por un exceso de confianza en la resistencia del buque, la tripulación hizo caso omiso de tales mensajes, manteniendo el rumbo sin reducir la velocidad, entre los veintidós y veinticuatro nudos. Y así siguieron, pese a la persistencia de los inquietantes comunicados. El último de ellos lo envió el California y Phillips, cansado de tanta insistencia, contestó desairadamente: "Calla, calla.Tengo mucho trabajo".


Como una confirmación de que los telegramas enviados eran innecesariamente alarmistas, el cielo se despejó con la llegada de la noche y una miríada de estrellas tachonó de reflejos la superficie del agua, insólitamente tranquila. Poco antes de medianoche, la sombra de una Inmensa masa de hielo interrumpió la rutinaria guardia de los vigías. Cuando fue visto, el iceberg se dirigía irremisiblemente contra la proa de la nave y ya se encontraba a poco más de quinientos metros. Era demasiado tarde. En el puente de mando, ante la ausencia del capitán Smlth, el primer oficial Murdoch ordenó parar las máquinas e iniciar la maniobra de retroceso, una decisión sospechosamente descabellada para un barco de semejante tonelaje. El impacto no se hizo esperar; el iceberg abrió una brecha en el casco del Titanic, permitiendo la entrada de cuatrocientas toneladas de agua por minuto. Poco después, Murdoch, consciente de la tragedia que había desencadenado, se quitó la vida, descerrajándose un tiro en la sien.

El constructor del barco, Thomas Andrews, avisó al capitán de la terrible situación; el daño era irreparable y el barco se iba a pique. El viejo lobo de mar, sorprendido y confuso, soólo pudo decir: "Pero si no puede hundirse.si es insumergible...". Los veinte botes de salvamento fueron arriados, pero la mayoría partieron casi vacíos. Los pasajeros consideraron más cabal permanecer a bordo de una nave seriamente dañada, pero al fin y al cabo "insumergible", que embarcarse en los frágiles salvavidas. Estaban equivocados. El Titanic, la efímera gloria de una época decadente, se hundió completamente a las dos horas y cuarenta minutos de haber colisionado con el bloque de hielo, a seiscientas millas deTerranova, acabando con las vidas de mil seiscientos veintidós infelices que se precipitaron a las frías profundidades del océano, víctimas de un sueño maldito...


Cosas extrañas antes de zarpar
Muchos son los enigmas que rodean el desastre. Podría decirse que estuvo marcado por el infortunio incluso antes de ser construido, como si su nombre aparejase una maldición presentida por muchos, en algún caso con precisión pasmosa.
Abría este relato con una ficción de lo que hubo de sudar el afamado periodista William Thomas Stead la noche que "soñó" con el hundimiento de un enorme barco; tanto como para situarlo de protagonista de una de sus deficientes novelas. Fue en el año 1892, exactamente veinte años antes del suceso, cuando describió la colisión de un gran buque con un témpano de hielo. En la desesperación del hundimiento, los tripulantes del mismo fueron socorridos por el Majestic, un barco que realmente existía por aquellos días, y que surcaba los mares capitaneado, casualidad, por Edward Smith, a la sazón el primer y último capitán del Titanic. Stead falleció en el hundimiento el 15 de abril de 1912. Mala suerte, o mala vista, porque lo tuvo realmente fácil... Tal y como reflejaba el investigador galo Bertrand Meheust en las páginas de ENIGMAS años atrás, "no solamente Stead se encontraba en el Titanic durante su viaje inaugural, y fue una de las víctimas de la tragedia, sino que, al parecer unos años antes, dos videntes inglesas le habían pronosticado que moriría ahogado al atravesar el Atlántico. Una de ellas le había dicho: 'Dentro de uno o dos años irá a los Estado Unidos, pero sufrirá un naufragio'. Y añadió:'Veo más de un millar de personas debatiéndose en las aguas heladas pidiendo auxilio para salvar la vida. Pero ni estas personas ni usted se salvarán".
Lo dicho: más claro el agua en la que este vidente de medio pelo acabó pereciendo, víctima de la hipotermia, y de la poca fe que tenía en sí mismo.
Pero las visiones del trágico acontecimiento no cesaron ahí. Las crónicas nos advierten que el propio capitán Smith, antes de zarpar, acudió a una vidente que de manera velada la advirtió de que ese sería su último viaje. El viejo lobo de mar lo tomó en un principio con la literalidad del que sabía que después de esta travesía se jubilaba. Pero la futuróloga añadió: "Jamás llegará vivo a Nueva York".
Aunque para declaraciones de impacto las que realizó el inglés Connon Middleton, que como otros tantos, había comprado un pasaje para la travesía inaugural del Jitanic. Diez días antes de embarcar tuvo una visión terrorífica: "Vi un dedo gigantesco de hielo raspando el flanco del navio haciéndole zozobrar. Vi la quilla del barco alzándose hacia el cielo y a gente nadando en el mar a su alrededor". Este, más avispado, decidió postergar su viaje...


Seis años después a las predicciones de Stead, en 1898, el viejo marinero y escritor Morgan Robertson, narró en su novela FutHity, con precisión de detalles, el naufragio que se produciría catorce años más tarde. La exactitud de los datos que ofreció es tal que multitud de investigadores han concluido que Robertson se adelantó a su tiempo estando en trance -no en vano allegados a este sabían de sus facultades medlúmnlcas-, observando los terribles acontecimientos que se desarrollaron aquella noche primaveral. Decir que lo narrado por Robertson es Increíble se queda corto. Rompe de un plumazo todas las barreras de la probabilidad. Pero antes de Ir a ello, conviene, de la mano de Méheust, conocer un poco más en profundidad lo que desarrolla en Futitity, que en sus inicios fue concebida como una critica brutal al imperialismo británico, poniendo de manifiesto "la odiosa y fútil voluntad de poder que lleva al mundo hacia la catástrofe". El protagonista de su obra es el Titán, que cristaliza toda la tecnología, todo el saber hacer en materia de construcción naval. Es el buque más grande jamás construido, el más poderoso, el más rápido y también el más seguro. Este gigante ha sido concebido para asegurar en todo momento y estación la travesía del Atlántico Norte a una velocidad récord -después hablaremos de las extrañas prisas del Titanic-. El relato de Robertson comienza al principio de su tercera travesía, a su regreso de Nueva York. Se ha dado la orden de poner las máquinas al máximo rendimiento para batir un nuevo récord. Acontece un primer drama al inicio del viaje, durante la noche: un navio es partido en dos por el Titán, que no ha podido evitarlo a causa de la oscuridad y de su excesiva velocidad. Pero el capitán, que obedece las órdenes de la compañía, ordena que se prosiga el viaje sin socorrer a los posibles supervivientes. A una hora tan tardía el drama pasa inadvertido para los pasajeros, pero no para algunos miembros de la tripulación. Estos últimos son convocados en el despacho del capitán, que compra su silencio. Pero uno de ellos rehusa. Se trata de un viejo capitán de barco venido a menos, convertido en simple marinero a consecuencia de una historia de amor que le ha hecho caer en el alcoholismo. El hombre, que no tiene nada que perder, quiere redimir el fracaso de su vida con una hazaña. El capitán está descompuesto, pero termina por encontrar el punto débil de este testigo recalcitrante: le va a dartodo el gülsqul que quiera, para que al llegar a Inglaterra no sea más que un loco incapaz de testimoniar.


Durante este tiempo el Titán se encamina a toda máquina hacia su destino. Para evitar que Rowland, el molesto testigo entre en contacto con los pasajeros, se le envía a la parte delantera del barco. Allí, minutos antes de la colisión, se le ve charlar con un oficial sobre el enfriamiento súbito del aire, signo de la proximidad de Icebergs. Y lo que sigue no es para menos. Alarido del vigía: "¡Hielo a la vista. Iceberg. Justo a proa!". Maniobra desesperada. Pero es demasiado tarde, el choque es inevitable; lanzado a la velocidad de 24 nudos, el gigante se desliza sobre un plano de hielo inclinado, su proa se eleva; luego bascula y se Inclina a un lado. Las calderas explotan arrastrando a una muerte atroz a los que trabajan en las carboneras. La descripción de la catástrofe es alucinante. Solamente algunos botes han podido serarriados.Ala mañana siguiente la prensa mundial se hace eco de la tragedia: el invencible Titán, el orgullo de la Marina británica, se ha hundido en su tercera travesía provocando la muerte de gran parte de los pasajeros. En la sede de la compañía, el gentío se impacienta por conocer el nombre de los supervivientes.
La "profecía" de Robertson parece aún más sobrecogedora cuando se revisan las circunstancias de los dos naufragios y las semejanzas entre el rítante real y su doble imaginario.

- Los nombres de los barcos.
- Las causas lejanas, psicológicas y culturales del drama: el orgullo técnico empaña la razón; se lanza en la niebla para batir un récord incumpliendo las normas y obviando la prudencia elemental.
- Los lugares: el Atlántico Norte, a la altura deTerranova.
- La época del año: una noche de abril.
- La causa inmediata: la colisión con un iceberg.
- La causa de las pérdidas humanas: falta de botes de salvamento.

Robertson había sido marino, estaba bien documentado, de modo que al describir el Titán los que hizo fue extrapolar los proyectos técnicos de su época. El Titán encarnaba la cima de la tecnología concebible en 1898.
¿Cómo era posible que catorce años antes un novelista norteamericano poco conocido relatara con tal cantidad de datos y detalles reales el naufragio de un barco que por aquel entonces ni tan siquiera existía en la mente de aquellos que tiempo después lo crearon? ¿Quién era este misterioso escritor? "Morgan Robertson -proseguía Méheust- murió en 1915, tres años después de la catástrofe, en un hotel y tras una vida bastante mísera; coincidiendo el año de la tragedia con el de la reedición de su novela, Robertson fue entrevistado sobre su profecía. Probablemente fue en este momento cuando explicó de dónde procedían sus fuentes de inspiración. Robertson era espiritista y tenía la peculiaridad de escribirá veces en estado de trance. En este mismo estado tuvo la visión de un navio gigantesco con el nombre de Titán.
Robertson nació en 1861 en Oswego (Nueva York). A los 16 años, tras estudiar bachiller, se enroló en la marina mercante de 1877 a 1886. Posteriormente encontró trabajo en una joyería, pero sus problemas oculares le obligaron a abandonar este empleo fatigante para los ojos y se consagró a la escritura, especializándose en la novela y en los relatos marítimos. Aunque era autodidacta poseía una cultura sólida y una poderosa capacidad de expresión y reflexión, según testimonian sus escritos. Era visiblemente un marginado, un hombre indignado contra la sociedad de su época, que pasó toda la vida dificultades materiales y, en este sentido, parece que Rowland, el personaje principal de futílity, sea en parte autobiográfico. Con la publicación de sus obras completas consiguió posteriormente cierto reconocimiento, a la vez que se quedaba casi ciego. Le encontraron muerto en la habitación de un mísero hotel de Atlantic City, el 24 de marzo de 1915, sentado en un sillón cara al mar".


¿Existió una maldición?
Cuando el capitán Smith fue informado de la gravedad de la situación ordenó inmediatamente enviar el mensaje de socorro C.Q.D. a los barcos que se encontraban navegando en las inmediaciones del lugar. Al no obtener respuesta alguna, el segundo telegrafista, Harold Bride, decidió poner en práctica la nueva señal S.O.S. -Save Our Souls, "salvad nuestras almas"- con el objetivo de que alguien respondiera a su dramática petición de ayuda. Fue la primera vez que se empleó el S.O.S. Y una vez más, ese destino negro en el que casi siempre hay que creer se cebó con él. El barco poseía tres telégrafos de señales en la proa, en la popa y en el centro del mismo. Cuando se lanzó la señal de auxilio, los tres continuaron señalando a la vez la posición de avanti un tercio, así que el Titanic continuó su delirante travesía y los botes fueron arriados con el transatlántico en movimiento, una maniobra que cualquier experto cataloga de suicida. Más aún: no deja de ser sorprendente que un marinero experimentado como Edward Smith dejara pasar un detalle tan crucial en un naufragio de estas características, porque, por otro lado, los buques que acudieron al rescate del Titanic, como es lógico lo hicieron al punto desee el que fue lanzada la señal de socorro. Allí ya no había nadie, porque el Titanic se encontraba, en su infernal desplazamiento de avanti un tercio a más de veinte millas de distancia del lugar de la colisión. Ello contribuyó a que el rescate se retrasara, y en consecuencia, que el número de fallecidos fuera mayor. Para más "desgracia", el Carpathia fue el primero de los barcos que acudieron para salvar a los náufragos. Y una ironía del destino, porque este era el principal navio de la compañía rival de la White Star Line, la Cunard. Huelga decir que la intención de los mandatarios de la primera era acabar con la competencia machacándola con la construcción del Titanic y de sus dos hermanos gemelos. Todavía más: la banda musical que en la película de Cameron decide tocar hasta el último momento, flemáticos como buenos británicos hasta en el instante en el que las aguas les empiezan a cubrir las rodillas, realmente hizo lo que millones de espectadores pudimos ver: tocar hasta el final. La pequeña orquesta era decana en las largas travesías oceánicas, y durante años había surcado los siete mares bajo la magistral batuta de Henry Hartley, pero como es lógico esa era la primera vez que lo hacían en el Titanic. Antes del 12 de abril de 1912 lo habían hecho, con gran éxito y alabanzas -y ningún problema digno de mención- a bordo de aquel que acudía a socorrerles: el Carpathia...
Ninguno fue salvado por su antigua embarcación.
Así, cuando el agua llegaba ya a la cubierta, en el interior de la enorme y lujosa sala Luis XV, Thomas Andrews, ingeniero constructor del Titanic, parecía resignado a lo que le esperaba. En cierto modo había creado su propio ataúd, y con la mirada vidriosa contemplaba un gran cuadro que presidía la estancia. Bajo este, en una placa grabada tiempo atrás se podía leer una macabra predicción, el titulo de la obra de arte: "Paso al Nuevo Mundo".


Coincidencias, ironías del destino... Lo cierto es que el naufragio del legendario buque dejó una larga lista de preguntas sin respuesta: ¿Por qué, pese a los avisos de extremo peligro recibidos, la velocidad del Titanio no descendió en ningún momento? ¿Cómo es posible que de un lugar de tan difícil acceso como la cruceta de vigilancia de Reginal Lee desaparecieran los prismáticos, indispensables hasta el punto de que sin ellos no pudo detectar el supuesto iceberg a tiempo? ¿Por qué un marino tan experto como el primer oficial Murdoch decidió invertir la marcha de las hélices en un barco de singulares características, una maniobra que cualquier viejo lobo de mar califica de suicida? ¿Por qué el Titanic mantuvo la posición avanti un tercio en sus tres telégrafos de señales, después de que el capitán ordenara arriar los botes? ¿A qué se debieron las anulaciones de personajes como J. R Morgan o Lord Gird, en los momentos previos a que el barco zarpara? ¿Qué "vio" el novelista Morgan Robertson para reflejar en su novela Futílity con detalle el hundimiento del trasatlántico, catorce años antes del mismo?
Sea como fuere, lo cierto es que uno de los puntos que más ha llamado la atención -al igual que ocurriera con el barco de Robertson- era la alta velocidad que, pese a los avisos de peligro, mantuvo el Titanic hasta el final. El periodista Arturo Valoría dio hace años con una explicación posible, que había pasado desapercibida a los expertos: "A finales del siglo XIX, el creciente flujo de emigrantes, actores y millonarios que se embarcaban hacia su aventura en el Nuevo Mundo hizo que las navieras iniciaran una guerra comercial por ofrecer a los pasajeros la oportunidad de desembarcar en la isla de Ellis -Nueva York- o cualquier puerto en un tiempo récord. Para desarrollar esta estrategia de captación de clientes supieron extender la idea de que cuantas más calderas tenía el buque más rápido era... y sobre todo, más seguro; porque a la hora de afrontar una travesía de varios días existía el riesgo de que se sufriera una avena y quedar a merced del oleaje en una tempestad. Los potenciales clientes simplificaron la fórmula hasta reducirla a que cuantas más chimeneas tenía un navio, más seguro y veloz era. De hecho, conscientes de ello, las navieras construían paquebotes, que aunque tuvieran únicamente dos o tres motores, instalaban cuatro chimeneas. Así los pasajeros se tranquilizaban pensando que el barco en el que cruzaban el Atlántico era veloz y seguro. Solo algunos se preocupaban cuando, en plena travesía veían humear solo dos de lastres o cuatro. Pero ahí estaba la oficialidad del barco para calmarles con cualquier excusa del tipo: llevamos adelanto con el viento de popa y el capitán ha ordenado reducir la marcha'. El ansia por llegar antes dio pie a que entre los transatlánticos que surcaban el océano se pusiera en disputa un distintivo honorífico conocido como el Gallardete azul, una banda azul que laureaba a aquel buque que había atravesado más rápido el Atlántico.
A tal efecto la compañía White Star Une construyó el Titanic y su gemelo, el Olimpio. Frente a ellos poco podrían hacer los transatlánticos de la Cunará, única compañía con potencial suficiente para rivalizar con ella. Las órdenes comunicadas al capitán Smith por la dirección de la compañía fueron claras antes de zarpar: que el Titanic pulverizara el récord de travesía del Atlántico en su viaje inaugural. De hecho, como refleja el largome-traje de James Cameron, poco después de abandonartierras irlandesas en su última escala, el "insumergible" Titanic se adentra en el océano a toda máquina para deleite de su pasaje. A poco más de un día de viaje, y tras comprobar que el nuevo récord estaba conseguido de seguir a ese ritmo, el capitán Smith, quien pasaría al retiro después de atracar en Nueva York, se dejó cegar por la posibilidad de alcanzar su destino antes de lo previsto y restó importancia a la zona de témpanos de hielo que atravesaban y cuyo anuncio llegó a través del telégrafo. Esa mezcla de orgullo y arrogancia , no acha-cable a Smith sino a la White Star Line, supuso para esta la bancarrota y el principio del fin para el más lujoso de los barcos que jamás han surcado los mares".


A primera leída lo expuesto porValoria tiene lógica, de no ser porque hay detalles más que puso sobre la mesa el estibador de carga y descarga Frank Pretil, superviviente, cuando declaró en el juicio que siguió al hundimiento que había estado cargando material dinerario, enormes cantidades de lingotes de oro y plata, en los departamentos estancos del Tttanic. El Banco de Inglaterra selló por espacio de cien años los registros de dichos transportes reconvertidos en valor de cambio, caso del oro y la plata. Estamos a punto de saber por qué esta institución hizo un envío tan extraño, y a la vez tan suculento.
La hipótesis que circuló con más fuerza era que tal cantidad correspondía al pago de armamento que Inglaterra hacía a los Estados Unidos. No en vano, Europa vivía los prolegómenos de la Primera Guerra Mundial que habría de dar comienzo tan sólo un año y medio más tarde, por lo que se ha llegado a plantear la posibilidad de que el Titanic fuera torpedeado por un submarino germano, o que hubiera una bomba de gran potencia en los compartimentos estancos del buque. Ello ayudaría a explicar porqué el supuesto iceberg se cebó con los únicos departamentos estancos que estaban comunicados por su parte superior, lo que posibilitó que el gran buque se partiera por la mitad, y se hundiera a tal velocidad.
Además, tal circunstancia explican'a por qué las expediciones que en la década de los ochenta del pasado siglo han intentado llegar al barco han concluido que la enorme grieta provocada por el iceberg jamás existió. En su lugar se han hallado círculos de 50 centímetros a un metro cada uno bajo la línea de flotación del barco. Con que solo uno de ellos estuviera sobre dicha línea, posiblemente el Titanic se hubiera salvado, o al me-nos no se hubiera ido a pique tan rápidamente, lo que a su vez habría facilitado el rescate. ¿Un iceberg inteligente? Además, un sabotaje en las gélidas aguas deTerranova quitaba de un plumazo a la mayoría de testigos de tercera clase -que por su posición habrían oído la supuesta deflagración-, ya que estos fueron encerrados por gruesos candados para evitar un motín que podría haber sido aún más fatal... Por otro lado, la profundidad de las aguas en esta región del Atlántico ha hecho imposible que hasta prácticamente 85 años después tengamos la tecnología para soportar la inmensas presiones a la profundidad a la que se encuentra el barco. Lo cierto es que las causas reales jamás las sabremos, pero al menos, una vez el Banco de Inglaterra rompa sus sellos de confidencialidad en apenas un mes, podremos conjeturar que, al margen del iceberg, pudo haber algo más...

Las malditas premoniciones
Llevados por un impulso irracional, varios pasajeros anularon su reserva pocos días antes de la partida; otros se negaron a embarcar en el último momento, pese a lo costoso de los pasajes. Es inadmisible, por ejemplo, que el magnate y dueño de la naviera White Star Une, J. R Morgan, que viajaba casi por obligación en todas y cada una de las travesías inaugurales de sus barcos, se negara rotundamente y sin razón aparente a embarcar en el primer trayecto que realizaba el que habría de ser fugaz estandarte de su compañía, el mejor transatlántico del momento. Otro caso que no deja de ser inquietante es el de lord Gird.el máximo mandatario de la Harland&Wolff, empresa constructora de grandes buques de cuyos astilleros en Belfast había salido el Titanic. Al igual que Morgan, también se negó a partir en la mayor obra de su vida profesional, cuando usualmente solía hacerlo en los que construía. Las crónicas, un tanto apócrifas, todo sea dicho, aseguran que su esposa sufrió una "mala noche" poco antes de zarpar, y las visiones que tuvo en sueños le invitaron a no embarcar en el lujoso Titanic.
Pero hay más. Más, incluso años después del hundimiento. Una madrugada del mes de abril de 1935, el Titán -raro es que le pusieran este nombre dado el carácter supersticioso de los marinero y armadores, más aún en vista a lo ocurrido décadas atrás- surcaba las mismas frías aguas en las que el gran Titanic naufragara en 1912. Según aseguran diferentes investigadores de este asunto, un marino experimentado de nombre William Reeves capitaneaba el citado barco, cuando una especie de presentimiento súbito le hizo girar con violencia el timón, justo a tiempo para que un enorme iceberg rozara la proa de su navio, más que suficiente para que la enorme masa de hielo únicamente provocara leves "rasguños" sobre el acero del mismo.
El asunto no quedaría como una anécdota más, de no ser porque el tal Reeves nació la misma noche de la catástrofe del Titanic, el 15 de abril de 1912, hacia la una de la madrugada, justo en los momentos finales del gran coloso de los mares.
No obstante, volviendo a las premoniciones a pie de pasarela, quizás el suceso más llamativo lo protagonizó el acaudalado matrimonio Wanderbrigth. El mayordomo y el ama de llaves que les servían de asistentes habían llegado con premura a los camarotes de primera clase a fin de acondicionar el elevado número de maletas y baúles que sus señores portaban. Sin embargo, diez minutos antes de que el barco zarpara decidieron renunciar a sus billetes, abandonando todo sin dar explicación alguna, ni avisar a estos últimos de la incomprensible decisión que habían tomado, de forma tan inesperada como emocionalmente imperiosa.
Nadie en aquellos momentos había encontrado justificados tales impulsos; en otro trasatlántico quizá, pero no en el Titanic, cuya garantía de invulnerabilidad era tal que, antes las preguntas medrosas de una pasajera, un marinero respondió sin titubeo alguno: "Ni Dios mismo podría hundir este barco". Cinco días más tarde da la sensación que ese Dios altivo se enfadó, y el Titanic acabó a más de cuatro mil metros de profundidad...

Celebraciones en el centenario del hundimiento
Con la llegada del centenario la compañía norteamericana Deep Ocean Expedition ofrece la posibilidad de celebrar el evento por el módico precio de 45.000 euros.
¿Qué incluye? Un crucero de dos semanas hasta llegar a las aguas de Terra nova en las que se hundió el Titanic. El lugar exacto fue descubierto por el oceanógrafo Robert Ballard en 2005, a 600 km de las costas de Canadá. Y una vez allí, un solemne chapuzón de casi 4 km para llegar a los restos del transatlántico.
La inmersión se llevará a cabo en el sumergible ruso Mir, y durara diez horas.
Pero no es la única oferta para estas fechas tan especiales: la Titanic Histórical Society ha proyectado una cena en alta mar, en el lugar en el que se desarrollaron los acontecimientos, con los pasajeros vestidos de época, por lo que volveremos a ver a la tripulación, a los oficiales, la alta sociedad... Su deseo es recrear la fiesta del viaje Inaugural -Imagino que la última noche la pasarán por alto-.
Y para los que deseen brindar, las prestigiosas bodegas Henri Abelé han sacado a la venta el pasado 1 de enero una edición especial de cien botellas de champán, ya que esta fue una de las marcas elegidas por el cocinero August Escofier para acompañar los menús de los restaurantes de primera clase en 1912.
Las siete primeras están reservadas, entre otros, para la Reina Isabel II y para el presidente de EEUU Barack Obama.






Estos temas y más son publicados en la comunidad chilena de Ciencias Ocultas,
Enigmas & Casos Paranormales. 

Opina acerca de estos reportajes en el foro de

¿Necesitas una cuenta? ¡Regístrate ahora!